El mito de Darwin y la realidad de la vida (II)
El neodarwinismo se encuentra obsoleto desde el punto de vista científico (continuación)
Por si fuera poco, la genética del desarrollo ha puesto en evidencia que la forma en que están estructurados los paquetes de información implican que cualquier cambio en la estructura anatómica de un organismo ha de tener lugar, por fuerza, en las más tempranas fases del desarrollo embrionario[1], por lo que los cambios anatómicos no pueden darse de forma gradual en el tiempo, sino que son más bien bruscos. Esto lo viene confirmando la paleontología desde hace mucho: Las especies se mantienen iguales, sin cambio direccional aparente, desde que aparecen hasta que se extinguen, constituyendo estadíos discretos del fenotipo orgánico, lo que contradice a la teoría misma de la selección natural como generadora de evolución, ya que para que esta genere evolucion ha de operar infinitesimalmente sobre un continuo de formas dirigendo el cambio orgánico de forma gradual a través de las generaciones (si una cosa surge “de golpe”, está claro que no la ha creado la selección natural). De hecho, órganos complejos como el ojo o el ala, o fenómenos como la regulación de la coagulación de la sangre o la fotosíntesis, son irreductiblemente complejos hasta el punto de que su aparición no puede explicarse de forma gradual[2].
Desde el punto de vista darvinista, además, sólo pueden heredarse los cambios genéticos acontecidos en los gametos, el zigoto, o como mucho los primeros estadíos del desarrollo embrionario. Sin embargo, encontramos numerosas inserciones retrovirales o retrotransposonales en genes que no se expresan ni en gametos ni en el desarrollo embrionario, sino que en estas fases se encuentran comprimidos[3]. Esto demuestra que los movimientos trasposonales y virales de ADN en la vida de un organismo, que como hemos dicho actúan de forma organizada y en respueta al medio, pueden transmitirse incluso a las células generadoras de gametos y heredarse así de modo lamarckiano. Desde el momento en que una respuesta al medio del organismo genera un cambio heredable, estamos hablando de evolución lamarckiana. La principal diferencia entre neodarwinismo y neolamarckismo es que el primero establece que el fenómeno de la mutación es absolutamente azaroso, mientras que el segundo estudia procesos fisiológicos no azarosos relacionados con la mutación[4].
2.- El pensamiento darvinista no es más que la extrapolación de
la Teoría del liberalismo económico a los fenómenos naturales[5].
Dicha teoría responde a una racionalidad que considera a los elementos individuales de un sistema de forma aislada, que interpreta al sistema como la simple suma de sus partes, y, fundamentalmente, que establece el fenómeno de la competencia como el elemento optimizador del sistema y generador de toda su armonía y riqueza. Los organismos no son más que agentes pasivos de un agente seleccionador externo optimizador muy similar a la “mano invisible” del mercado. Las expresiones de “lucha por la vida” y “supervivencia del más apto”, según confiesa el propio Darwin son en realidad de los teóricos fundacionales del liberalismo económico, Adam Smith y Herbert Spencer. También es sabido que Malthus fue la más importante influencia de Darwin en su pensamiento, y que Francis Galton, padre de la Eugenesia (uno de los pilares del nazismo) era primo de Darwin. Nuestra sociedad identifica “darwinismo” con “pensamiento evolutivo”, lo que constituye un error histórico fundamental intencionadamente construido, ya que le evolución fue pensada, interpretada, y debatida por numerosos pensadores, especialmente en Francia pero también en Alemania e Inglaterra, desde más de medio siglo antes de la publicación del célebre “Origen de las Especies” de Darwin[6].
3.- Dado que el darwinismo constituye la justificación metafísica de la práctica social capitalista, existe una resistencia muy potente a su desaparición que ha llevado a la biología teórica
al confuso estado en que se encuentra hoy.
Si a esto le añadimos que prácticas como la “ingeniería genética” o la “terapia génica” se fundamentan en la concepción neodarwinista del genoma, ya tenemos todos los ingredientes para comprender porqué el stablishment académico de la biología se resiste a evolucionar. Durante décadas, se han intentado ajustar los datos experimentales y de campo con calzador a la teoría dominante, y se ha boicoteado cualquier intento en la dirección opuesta: Ajustar la teoría a los datos. Las universidades y grandes revistas científicas aplican muy distintos standards de aceptación a los trabajos científicos (así como a los hallazgos de campo), según se ajusten o no a la teoría. El efecto acumulativo de esta práctica a través de las décadas produce un potente filtro de información y conocimiento a la comunidad científica.
4.- El darwinismo es en realidad incompatible con una visión ecológica de la naturaleza.
La ecología no puede abordarse coherentemente desde un sistema de pensamiento no holístico. Esto significa considerar todo elemento vivo (célula, organismo, ecosistema…) como parte de un sistema mayor cuyo comportamiento no es predecible por el análisis aislado de sus componentes básicos. Por ello la compleja interrelación holística entre los elementos de un ecosistema, que co-evolucionan en conjunto como una unidad, supera con creces la capacidad analítica del darwinismo, que se centra en fenómenos de reproducción diferencial entre individuos en el seno de una población, aislada de los demás elementos del sistema. Esta biología individualista y mecanicista ha sido responsable de prácticas eugenésicas, producción de transgénicos y patentes sobre los organismos, aberrantes y letales terapias génicas[7], etc…
[1] GARCÍA BELLIDO, A. “Se busca un nuevo Darwin” Entrevista publicada en el País (19-03-2006).
[2] BEHE, M.J. “La Caja negra de Darwin” Ed. Andrés Bello, Chile, 2000.
[3] SENTÍS, C. “Retrovirus endógenos humanos” Arbor 677 (Mayo 2002).
[4] SENTÍS, C. Op cit.
[5] SANDÍN, M. “Pensando la Evolución, Pensando la Vida” Ediciones Crimentales, Murcia, 2006, ABDALLA, M. “La crisis latente del darwinismo” Asclepio, LVIII-I (2006).
[6] SANDÍN, M. Op cit., GALERA, A. “Modelos evolutivos predarvinistas” Arbor, 677 (mayo 2002).
[7] SANDÍN, M. Op cit.




