viernes, 28 de marzo de 2008

Manifiesto por la autoconsciencia

El medio social en que vivimos ha mecanizado nuestras vidas. Hemos depositado nuestra salud en manos de un complejo técnomédico que no trata a personas sino a enfermedades, ante las que en un número creciente se muestra completamente incapaz de sanación alguna. ¿y cuál es la explicación que el ciudadano de a pie da a esta situación? “Es que como ya no hay selección natural nos hemos desvirtuado como especie”. Es decir, que se nos ha mimado demasiado y por eso nos hemos debilitado[1]. Es notable como cuanto mayor es la inconsciencia de un individuo, más grande y manifiesta es su dependencia de un sistema externo, en este caso del Sistema Sanitario, y cómo psíquicamente refuerza esta dependencia con todo tipo de argumentos desvirtuadores de la naturaleza y las capacidades humanas, físicas y sociales.

Cuanto más inconscientes somos de nuestros procesos internos, más máquinas nos volvemos. Una máquina, por contraposición a un organismo, no es capaz de autorregulación alguna y necesita de todo tipo de intervenciones más o menos regularmente. Pero no somos máquinas sino seres autopoyéticos[2] con asombrosas capacidades, que en este momento de la historia necesitamos más que nunca recuperar.
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Pero ¿cómo hacerlo? De entrada sólo el hecho de proponerse el recuperar la conexión con uno mismo, el caminar hacia la autoconsciencia, significa que de alguna manera hemos comenzado ya nuestro viaje hacia la recuperación de la capacidad de autorregulación. Existe, además, una llave infalible: La mirada hacia adentro. Estar atentos a todo lo que nos ocurre, escuchar cada síntoma, físico, emocional, psíquico… Todo tiene un significado, todo tiene algo importante que decirnos. Y lo más importante, no sólo escucharlo, sino también respetarlo. El medio en que nos hemos educado nos ha enseñado a no respetar nuestras emociones ni nuestras sensaciones. De un modo u otro se nos ha obligado o coaccionado a estar quietos en un pupitre durante horas, a comer sin hambre, a no llorar, a aprender cosas que no nos interesaban en contra de nuestra voluntad. Y esto son sólo algunos de los ejemplos más rudos y visibles. Procesos infinitamente más sutiles tienen lugar a lo largo de nuestro aprendizaje orgánico de la desconexión con nosotros mismos, en los que el ejemplo e imitación del comportamiento adulto es quizás el factor más determinante. Hemos automatizado de tantas maneras la desconexión de nuestro ser, que la reconexión supone un trabajo que requiere de la máxima atención y perseverancia por nuestra parte. Se trata de un trabajo progresivo, como aprender a tocar un instrumento. Nuestros órganos, músculos, huesos y articulaciones, nuestras sensaciones y emociones, stress, tristeza, ansiedades, miedos, nuestros hábitos, nuestras relaciones, nuestras "pérdidas de control". Todo debe ser observado, escuchado y respetado, sin olvidar nunca la palabra mágica ¿Por qué?

El camino de la salud no es combatir la enfermedad. Si intentamos cambiar algo que no nos gusta de nosotros, probablemente lo único que conseguiremos es reemplazarlo por un síntoma peor. Siguiendo un ejemplo de Gurdjeff, si un individuo perezoso decide combatir su pereza sin más, puede que deje de serlo pero entonces aparecerá otro síntoma psíquico para compensar la pérdida del anterior, por ejemplo volverse irascible. Y es que esa pereza no estaba ahí gratuitamente, tenía una razón de ser. Hemos de ser conscientes de que, en nuestra naturaleza autopoyética, todo cumple una función reguladora, todo síntoma es un mecanismo de regulación y por tanto no hay que combatirlo. En el momento que descubrimos su verdadera causa, comenzamos a abrir una vía que de forma natural nos llevará desde lo que concebíamos como “el problema” hasta el problema que causa el problema. Cuando esto ocurre, hemos quitado la primera de las capas de cebolla que cubren nuestra esencia, nuestra consciencia ha empezado a crecer, y nuestro inconsciente se ha hecho un poco más pequeño. Pero esto es solamente el principio del camino, siguiendo un procedimiento análogo podemos pasar a la siguiente capa y a la siguiente… Y cuanto más adentro llega uno, más superficiales y absurdos se ven los problemas que fueron en un principio objeto de preocupación.

El verdadero camino hacia la salud es el camino de la autoconsciencia. Y no hay nada más importante que podamos hacer en nuestras vidas, porque es desde nuestra salud desde donde sacamos las energías para cualquier cosa en la vida. Para cambiar el mundo, para ayudar a otros a sanar, o simplemente para amar a algo o a alguien. Al sanarnos a nosotros mismos nos hacemos también sanadores para con lo que nos rodea. La diferencia entre vivir la vida con un estado menor o mayor de consciencia es tan abismal como la diferencia entre una melodía desafinada y estridente y una tocada por un artista virtuoso. Simplemente partiendo de la base de que un mismo suceso puede ser recibido como un duro obstáculo o bien como un regalo de la vida sólo en función del nivel de consciencia de la persona que lo viva, podremos hacernos a la idea de la infinita energía potencial y la libertad que puede aportarnos el disolver poco a poco la coraza-cebolla que nos impedía vernos y ser nosotros mismos.

Esta coraza se manifiesta de muchas maneras diferentes, que pueden reconocerse casi siempre como rigideces, en nuestro cuerpo, en nuestro comportamiento, en nuestra forma de pensar o de procesar nuestras emociones... el catálogo es inmenso: Contracturas musculares, vicios posturales, adicciones, bloqueos en la expresión de las emociones, obsesiones, dependencias artificiales, intolerancias, autoritarismo, sumisión, neurosis de todo tipo, etc. Todas estas cosas consumen grandes cantidades de energía, agotan a nuestro cuerpo, y minan nuestra salud, porque la inconsciencia o desconexión disminuye siempre nuestra capacidad de autorregulación orgánica, hasta el nivel justo para sobrevivir y poco más. La energía que derrochamos por no poner consciencia en nuestra vida es enorme.

Pero ¡cuidado! el desarme de la coraza no puede hacerse a la ligera. Debe ser un proceso lento, progresivo, y lleno de respeto. Recordemos que esa coraza está cumpliendo una función. Seguramente comenzó a formarse porque en algún momento de nuestro desarrollo fuimos de algún modo agredidos.

Cada parcela de inconsciencia en nuestras vidas nutre al sistema tumoral en que vivimos haciéndonos dependientes de él de un modo u otro. Cada parcela de consciencia arrebatada al inconsciente es un tesoro que nos hace más libres. La vida siempre está ahí esperándonos, ofreciéndonos infinitas oportunidades para iniciar el viaje a la autoconsciencia. Un viaje que nunca estará exento de episodios dolorosos y placenteros, pero que siempre, siempre, al final, merece la pena.


[1] Una explicación más seria, y excelentemente documentada, puede encontrarse en la obra Némesis médica de Ivan Ilich. http://www.ivanillich.org/Linemes.htm

[2] “Autopoyesis” es un término acuñado por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, que hace referencia a la capacidad de los seres vivos de organizarse a sí mismos, determinando respuestas estructurales ante las perturbaciones del medio para conservar su organización interna.

Las características y capacidades del ser humano integrado en la naturaleza que nos describen Félix Rodríguez de la Fuente http://crimentales.blogspot.com/2007/10/naturaleza-e-infancia.html o John Zerzan http://crimentales.blogspot.com/2007/09/la-salud-de-los-recolectores-cazadores.html son las características y capacidades del ser humano no desconectado de sí mismo, o, en palabras de Wilhelm Reich, no acorazado neuromuscularmente. Y sólo gracias a ellas podremos salir del pozo de desvitalización y pérdida total de regulación orgánica en el que se encuentra la humanidad, y que nos ha llevado a esta profunda crisis en las relaciones humanas y en nuestra relación con la Madre Tierra.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Disculpa Jontxu, pero ¿no te parece que el término autopoyesis y el significado que tu explicas es una obviedad? Me temo que los biólogos no vamos a conseguir escapar de las tautologías como explicación de los fenómenos naturales.
Un abrazo.
Máximo

Jontxu dijo...

¡pero es que la autopoyesis no es ninguna explicación a los fenómenos naturales, es un fenómeno natural!

Y desgraciadamente, en nuestra sociedad es un concepto al que podríamos calificar de cualquier cosa menos de obvio. Nuestro modo de vivir es antiautopoyético. Nuestra ciencia, nuestra medicina, nuestra ingeniería agrícola, nuestra psicología conductista, nuestra educación, todas ellas se construyen en una absoluta ignorancia del fenómeno de la autorregulación orgánica, y agreden dicha autorregulación de todas las formas concebibles. Las consecuencias de esto son terroríficas.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad (y la historia de la vida sobre la Tierra) la autopoyesis fue una obviedad, pero dejó de serlo con el advenimiento de la ciencia moderna. Por ello se ha hecho necesaria la palabra. Lo mismo ocurrió, supongo, con la palabra libertad ¿tendría sentido ese vocablo en el paleolítico, o sería más bien "una obviedad"? Por cada cosa que nos es robada, se hace necesario inventar una palabra...

Pero para que esto que digo no se quede en puras divagaciones, me he propuesto dedicar el siguiente artículo a este tema, aportando datos y ejemplificando con hechos concretos. Mi objetivo es mostrar que lo escrito en los dos párrafos anteriores tiene una base muy sólida.

Y se me acabó el tiempo, seguimos mañana, un fuerte abrazo,
Jon

Anónimo dijo...

Hola Jon. Como te he dicho más de una vez, siempre que tengo el impulso de entrar en un blog me arrepiento en cuanto lo veo publicado. En este caso me parece una ingerencia estúpida en la línea de tu blog, que me parece muy brillante, muy positivo y muy coherente. Espero que sepas perdonarme por el afecto que nos tenemos, pero aunque no me perdones ya sabes que te estaré eternamente agradecido. (Esta exhibición pública me resulta un poco pornográfica, pero lo hago a modo de “expiación”, por meterme donde no me llaman).
De todas formas, como dispongo de mucho tiempo, me siento obligado a justificar mi observación: Como “visión de la vida”, como “retorno a la sabiduría del pasado”, el concepto de la Autopoyesis me resulta muy respetable aunque, como tú dices, es poner un nombre a un fenómeno natural. Lo que me incomoda es cuando pretende convertirse en una explicación puramente retórica de los fenómenos naturales, de la evolución, de la vida. Y me incomoda porque en estos momentos de confusión de la Biología, que para muchos sigue anclada en las explicaciones retóricas basadas en los conceptos económicos y sociales del darwinismo (por no hablar de la retórica sórdida de Dawkins y “los prósperos gangsters de Chicago”), no creo que la alternativa científica sea más retórica, por muy positiva que esta sea. Quizás esté equivocado, pero me parece que habría que prestar más atención a los datos verificables, comprobables empíricamente. Comprendo que esto último resultará extraño a los biólogos acostumbrados a explicar la Naturaleza mediante el egoísmo, la competencia, el coste-beneficio, la explotación de una secuencia por el genoma o el dilema del prisionero (podría escribir dos folios de explicaciones retóricas absurdas...). Por eso me agobian las “alternativas” retóricas, por muy “moderno” que suene el lenguaje.. Te copio un ejemplo para que veas a qué me refiero:

El origen de las especies por medio de la deriva natural
HUMBERTO MATURANA-ROMESIN & JORGE MPODOZIS ...
En éste ensayo proponemos que el mecanismo que ha originado la diversidad de seres vivos que encontramos hoy día, y que también ha originado a la biosfera como un sistema coherente de seres vivos autónomos e interrelacionados, es la deriva natural. Y también proponemos que aquello que los biólogos connotamos con la expresión selección natural, es una consecuencia de la historia de la constitución de la biosfera por medio de la deriva natural, y no el mecanismo que genera esta historia.

La Deriva Natural de los Seres Vivos
El origen de la evolución descansa sobre la asociación inherente que hay entre diferencias y semejanzas en cada etapa reproductiva, conservación de organización y cambio estructural. Porque hay semejanzas, hay la posibilidad de una serie histórica o linaje ininterrumpido. Porque hay diferencias estructurales, hay la posibilidad de variaciones históricas en los linajes.
Por un lado tenemos la estructura, que posibilita a la unidad autopoiética a un determinado tipo de interacciones y cambios estructurales. Por otro lado esta el medio en donde unidad y medio gatillan perturbaciones mutuas. Esta relación debe estar basada en una congruencia estructural.
La principal distinción entre la unidad y el medio la establece el observador. La unidad y el medio gatillan cambios no establecen instrucciones.

Como ya te he comentado alguna vez, “el origen de las especies” es la especiación. La confusión de este fenómeno con la evolución (cambio de organización) proviene del texto de Darwin que, como sabes, inicialmente no hablaba de evolución (se lo tuvo que explicar Huxley). No creo que mantener este concepto erróneo sea una buena alternativa. Por otra parte, lo de que la selección natural sea una consecuencia de la deriva natural me parece rizar el rizo de la retórica, especialmente si atendemos a la explicación de la deriva natural.
En definitiva (voy a cortar porque no sé si hay espacio para tanto texto), insisto en que la alternativa a las explicaciones de la retórica “del libre mercado” son explicaciones basadas en datos reales, verificables experimentalmente. Quizás sea una concepción simplista de la Ciencia. Se podrá ampliar más adelante, pero en estos momento de confusión creo que es conveniente. Y estoy convencido de que los datos reales, los procesos que se están conociendo, nos llevarán a un significado “gaiano” de la Naturaleza, totalmente opuesto al de la competencia y el coste-beneficio...
Pero comencemos por los datos reales. Intentemos aclarar la confusión. Todo llegará... Supongo.

Lo que sí tengo claro es que con esta intervención no solicitada el tu blog (de esta sí que me voy a arrepentir) me he echado encima (además) a una buena parte de biólogos “alternativos”. En fin. Ya puestos...
Un fuerte abrazo.
Máximo

Jontxu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Comprendido. ¿Comprendido?
Un abrazo.
Máximo

Zetetic_chick dijo...

Lamento interferir en este interesante intercambio.

Solo quería comentar que acabo de publicar en mi blog una entrada sobre los trabajos de Máximo Sandín:
http://www.zeteticismo.blogspot.com/

Lo que intenté fue dar una visión sinóptica, muy breve y general, de los aspectos principales de la propuesta del Dr.Sandín; sin aportar ningún dato técnico, pero sí remitiendo a sus escritos y referencias.

Es un aporte modesto para dar a conocer su excelente trabajo científico.

Saludos

Anónimo dijo...

Muchas gracias Zetetic.
Máximo Sandín

Anónimo dijo...

Disculpe. He leído su texto y quiero señalarle que no soy catedrático (¿Cree que con mis ideas podría llegar a serlo?). Soy profesor titular del Depto. de Biología.
Un cordial saludo.
Máximo Sandín

Jontxu dijo...

Ayer tuve que enviar mi mensaje deprisa y corriendo, y compruebo ahora que ha quedado confuso con tanta cita sin marcar, lo elimino y transcribo de nuevo en forma más legible:


Gracias por la explicación. Yo ya la conocía, pero está muy bien que los lectores sepan a lo que te referías con tu primera intervención, que ha sido, desde mi punto de vista, algo desafortunada. Desafortunada precisamente por “generar confusión” (como sueles decir), ya que se encuadra en un debate diferente al del contenido de esta entrada: El debate sobre la explicación de los fenómenos evolutivos. Este es, como sabes, un debate que me encanta y a él volveré al final del mensaje. Pero primero hablaré de lo que considero más relevante, la importancia del concepto de Autopoyesis o Autorregulación orgánica:

Para mí la batalla por la consciencia de la autorregulación orgánica comenzó en una discusión con una amiga. Ella me comentó que un amigo suyo tenía “fobia a la naturaleza” y no podía ni verla. Y luego se cabreó mucho cuando dije que eso era claramente un síntoma patológico; me dijo que quién era yo para decir qué era patológico y que no, que cada uno tiene su sabiduría, y se puso en plan “todo vale” a lo postmoderno. Me preguntó "pero a ver, defíneme “natural” ¿qué es natural?” “Muy bien” dije yo “llamamos intuitivamente “natural” a todo aquello que no está desvitalizado ni ha perdido su capacidad de autorregulación”. Por ejemplo, una ciudad moderna nadie la ve como natural, aunque nadie sepa decir exactamente el porqué. Pues el porqué es que en la ciudad se ha perdido la autorganización natural, se trata de un sistema dominado por las fuerzas de la entropía: Ruído, polución, derroche de energía por todos lados, toxinas, basura ¡¡en la naturaleza no existe la basura!! Y en cambio un bosque es un sistema autoorganizado (porque auto-disminuye su entropía, orgánico, organizar=disminuir la entropía). Una persona con fobia a la naturaleza ha perdido claramente gran parte de su capacidad de autorregulación orgánica y es un suculento filón para las multinacionales, la sociedad de consumo y las fuerzas de la entropía (otra cosa, cuanto más tiempo pasamos en la ciudad, más consumimos).

Resulta que curiosamente a esta misma amiga de la que te hablo (y la quiero un montón) le encanta ponerse hasta arriba de anitbióticos cuando se pone mala, “limpiar” la casa con cantidades industriales de lejía, ir en coche a todas partes, y comprar en el IKEA. Esa noche comprobé la urgencia de una revisión profunda de nuestros conceptos sobre el caos y el orden, sobre la salud y la enfermedad, sobre la salubridad y la higiene.

Esa es otra, a la gente le encanta decir que le dan asco las cucarachas, las ratas, las gaviotas del basurero municipal, y todos esos animales que la pachamama ha enviado para depurar con sus higaditos nuestra producción de toxinas y limpiar la insalubridad que generamos. ¿y qué solución se le pone? ¿se intenta cambiar el modo de vida, generar un sistema autosostenible (que se autorregule)? Nooooo mejor vamos a comprar matarratas, matapulgas, matatodo, y mistol antibacterias. Mientras se siga confundiendo la higiene con la asepsia (que son prácticamente lo contrario, porque la higiene es el equilibrio entre lo que entra y lo que sale, como se sabía en la antigüedad) seguiremos produciendo insalubridad. Aquí no hay ni la más mínima noción de lo que es autorregulación y lo que es entropía, de lo que es salud y lo que es enfermedad.

La salud no es ni más ni menos que la capacidad de autorregulación (http://www.iieh.com/Informacion/articulos_informacion06.php), y las enfermedades crónicas y degenerativas son la pérdida de la capacidad de autorregulación (mientras que las enfermedades puntuales no son más que parte del proceso de autorregulación orgánica). Lo mismo se puede aplicar a las sociedades humanas y los ecosistemas, con toda su fenomenología de epidemias, plagas y catástrofes humanitarias).

Las multinacionales día a día luchan porque no se sepa que la autorregulación es posible, para que sigamos siendo sus esclavos. Por eso nos dicen cosas como “la avaricia me vicia” (centro comercial Thader) haciendo apología del consumismo compulsivo, que como todo vicio es un síntoma de pérdida de autorregulación, o “porque la naturaleza es sabia, pero no tanto” (Minute Maid, Coca-cola), ponte en manos de las multinacionales que sabrán cuidarte mucho mejor.

Una definición, grosera pero no por ello falaz, de nuestra sociedad, podría ser esta: A los seres humanos se les domestica (ver “informes marcianos”) en primer lugar destruyendo su capacidad de autorregulación orgánica. Y en segundo lugar, ocultando por todos los medios que dicha autorregulación es posible, para justificar que la domesticación es necesaria, que lo que llamamos “el sistema” mejora la calidad de vida en lugar de destruirla.

El concepto de autorregulación orgánica es fundamental en Reich, en Hamer, en Neil, en Fukoaka, en todas las mal llamadas ciencias “alternativas” (deberían llamarse “ciencias conscientes”) de la salud, la educación, la agricultura, la ecología… Todos estos autores que tratan de cambiar el mundo y revolucionar nuestra perspectiva de las cosas basada en las mentiras del Matrix en que vivimos, insisten en que la ciencia oficial ignora por completo la AUTORREGULACIÓN (que no es ninguna explicación ni tautológica ni no tautológica de nada, sino un fenómeno natural), y defiende y justifica un sistema que anula y destruye dicha capacidad, generando seres humanos enfermos (aptos para la domesticación y la manipulación), sociedades enfermas, y ecosistemas enfermos.

Copio a continuación un fragmento de un e-mail que os envié a Emilio y a ti hace un par de semanas:


El concepto de Autopoyesis tiene una interesante similitud con la hipótesis Gaia: Su trascendencia es muchísimo mayor de lo que puede parecer a primera vista. Suele ocurrir con todos los conceptos holísticos. No es "ah, vale, autorregulación y ya está". A medida que adentramos más en el concepto, más profundas son sus consecuencias. En este sentido se parece a los conceptos de las Ciencias Tradicionales, como la ayurvédica o la taoísta, que tienen sucesivas "capas" o dimensiones de entendimiento y aplicación.

Imaginemos por un momento una ciencia de la salud que, consciente que toda enfermedad es una pérdida de la capacidad de autorregulación, enfoca sus esfuerzos en fortalecer la capacidad de autorregulación (autoorganización) del organismo. ¿tendría sentido entonces estresarlo con todo tipo de fármacos tóxicos, limitando cada vez más dicha capacidad de autorregulación?

En palabras del "casualmente" chileno Dr. Gabriel Hernán Gebauer:

..."Para decirlo con otras palabras, si la enfermedad –entiéndase: el conjunto de las alteraciones funcionales enzimáticas- es desorden, entonces la curación consistirá en ordenar.

Y en la medida en que un organismo enfermo se aparta cada vez más de la condición de perfecta salud, predominando así un mayor número de Informaciones patológicas, aumenta tanto la variedad de los estímulos ambientales a los cuales es hipersensible como el grado de inadecuación de sus respuestas adaptativas. Esto último genera circuitos automantenidos de agravación constante.

El grado creciente de inadecuación de las respuestas expresa, por su parte, los niveles de neguentropía (u orden) paulatinamente más pobres del funcionamiento del organismo enfermo.

La disminución del nivel neguentrópico se convierte en comportamientos biológicos cada vez más inadaptados. Lo cual se traduce en el comportamiento cada vez más patológico –o sea, más desordenado- de las enzimas."



¿Qué pasaría si la medicina, en lugar de tratar "enfermedades" (que desde una perspectiva holística equivale a simplemente combatir síntomas) tratara al organismo como un todo, intentando favorecer su capacidad de autorregulación? ¿tendrían sentido todos los desastres de la llamada "ciencia oncológica? ¿y la quimioterapia?

Y ahora, ¿qué pasaría si la ingeniería agrícola aplicara la idea de autopoyesis? ¿si se intentara favorecer la autorregulación del ecosistema agrícola, en lugar de intoxicar la tierra con productos químicos que debilitan enormemente la capacidad de autorregulación de esta? La revolución verde y la ingeniería genética, que han resultado en grandes catástrofes humanitarias y ecológicas a lo largo de todo el tercer mundo, no habrían tenido lugar.

Y qué pasaría si la obstetricia y la pediatría, que tienen una relación directa con algo tan importante (y tan directamente relacionado con el bienestar y la armonía social) como el desarrollo ontogénico de los seres humanos, trataran de favorecer la capacidad de autorregulación de los organismos en la fisiología del parto, o en la lactancia materna y la relación simbiótica natural entre madre y bebé, en lugar de intervenir con todo tipo de procedimientos debilitadores e incluso anuladores de esa capacidad natural autorreguladora?

¿Y si la teoría de la evolución, en lugar de considerar la autopoyesis como una característica más, resultado de la evolución de las especies, considerara que, exactamente al contrario, la evolución de las especies es el resultado de la actividad autopoyética de los organismos? Pues esta claro, habría que resucitar a Lamarck y ponerlo en la portada de todos los libros de evolución!

Un entendimiento profundo de la autopoyesis nos llevaría a una renovación completa de las ciencias relacionadas con la vida, y al reconocimiento de cientos de campos del saber que en el mundo académico oficial son hoy por hoy considerados marginales o "alternativos". Las llamadas "terapias alternativas", la permacultura, la bioconstrucción, las ciencias tradicionales....

La medicina, la biología, y la ingeniería agrícola maquinizan la vida, haciéndola dependiente de insumos externos de elevada toxicidad, debilitando cada vez más su capacidad autopoyética, desvitalizando. Y esto es porque se considera a los seres vivos del mismo modo que se considera a las máquinas, sin dar importancia a su distinción más fundamental: La autopoyesis.



En definitiva, que la inconsciencia acerca de la autorregulación no sólo impera en el "populacho" sino, y muy especialmente, en la comunidad científica. Ójala la autopoyesis fuera un perogrullo. Lo es para una golondrina, una seta, o un aborigen australiano. Pero no puede serlo en una sociedad que se comporta en todas y cada una de sus facetas como si no existiera. Una sociedad que silencia y oculta, que procura no nombrar esta vital característica de la vida orgánica, para que continuemos siendo esclavos de las multinacionales y toda su plétora de productos destructores de la capacidad de autorregulación: Fármacos, abonos, tecnologías entropizantes, sustancias adictivas etc etc etc Los niños tienen la capacidad de autorregular su aprendizaje mucho mejor que obligándoles a leer nuestros "textos sagrados que dicen la verdad" día tras día y año tras año. Pero ¿cómo va la gente siquiera a concebir esta realidad si nisiquiera concibe la autorregulación orgánica?

En mi experiencia personal, se trata de un concepto que me ha ayudado a aumentar mi consciencia, mejorar mi salud, y a que mis actos sean más libres y menos determinados por las fuerzas entrópicas que dominan nuestro sistema social. Y lo mismo que ha sido un concepto revolucionario para mí, también puede serlo para otros. Así que, por todas estas razones, digo que no, no creo que sea una obviedad.

Por otro lado, sabes bien que comparto la gran importancia que tiene investigar los datos empíricos y los hechos concretos para combatir la visión dominante de la biología y de la interpretación de los fenómenos naturales, y se del mismo modo que compartes conmigo el que el trabajo conceptual relacionado precisamente con la interpretación del significado profundo de esos hechos es también muy importante. Esto nos lleva al asunto que realmente planteas sobre la explicación científica de los fenómenos evolutivos y biológicos, y el papel que Maturana juega o ha jugado en este campo. Pero nuevamente se nos ha acabado el tiempo, así que lo dejo para el siguiente mensaje.

Zetetic_chick dijo...

Gracias Dr.Sandín por la observación, ya he corregido el error en mi escrito.

Si tiene alguna otra observación o comentario, no dude en hacérmelo saber.

un cordial saludo!!!!

Daniel dijo...

Este blog es apasionante, incluso cuando me sorprendo con algunos comentarios de Sandín.
Entiendo lo que quiere decir Sandín, pero, esto que hace Jonuxtu es exactamente el camino que nos conducirá a entender mejor la vida tal como es. Limitada por nuestra compresión humana claro, pero igual, mejor comprendida que en la actualidad.
Porque nuestros cerebros no sean capaces de comprender en profundidad como funciona Gaia, ¿debemos simplemente quedarnos mirando perplejos mientras se siguen desarrollando teorías como la de darwing? O debemos dar el avance crítico de Sandín y el conceptual unificador de Amante del musgo?
Sin duda alguna la segunda opción.

Mi pequeño aporte. Sigan con su discución, la verdad que es muy interesante.

Jontxu dijo...

Mis disculpas a todos, estuve demasiado ocupado en el mundo real la semana pasada, y aún sigo pero vamos a ver si poco a poco voy adelantando el trabajo acumulado y os voy respondiendo aunque sea por partes…

Zetetic: Genial el artículo sobre Sandín. De nuevo gracias por tu trabajo. El zeteticismo me parece una herramienta de investigación fabulosa, y una no menos fabulosa forma de presentar la información a la gente. Casi me haces avergonzarme de mi método, tan rudo y grosero, pero éste también tiene una razón de ser que quizás explique en otro momento, ahora tengo demasiadas respuestas pendientes por el blog! No me canso de repetirte, muchas gracias por la gran labor que llevas.

Máximo: Creo comprender bien tu problema con la escuela biológica chilena, además ya lo hemos hablado bastante en privado. Llevas décadas realizando una valiosísima, extraordinaria y dura labor de derribo y reconstrucción de la biología evolutiva desde sus mismos cimientos, en un medio sumamente hostil, sometido constantemente al enfrentamiento con muchos de tus colegas, y también con alumnos y todo tipo de personajes. En este contexto, los argumentos filosóficos de Maturana y Varela de poca ayuda te son a la hora de debatir con un darwinista, entre otras cosas porque su forma de trabajo está abierta a una considerable ambigüedad de la que el otro se puede aprovechar para, como con razón te quejas, “generar confusión”. Y lo que es peor, no paran de tacharte de “maturanista” como si no hubieras aportado nada original con tu trabajo, o como si no hubieras llegado a tus conclusiones de forma independiente.

Pero amigo mío, si te llaman maturanista no es por casualidad. Como ya te dije en un e-mail, pienso y defiendo que vuestros trabajos son convergentes, complementarios, y sinérgicos intelectualmente. Y esto más allá del mero hecho de que los dos os opongáis al paradigma dominante en biología. Desconozco su trayectoria más reciente, pero estarás de acuerdo en que no es justo valorar el trabajo de un autor sólo por su último artículo, no especialmente brillante, sobre todo si hablamos de un trabajo de décadas. De su primera época encontramos una buena síntesis en el libro “El árbol del conocimiento” (1984), donde podemos ver, por ejemplo, potentes argumentos que por sí solos, sin necesidad de echar mano de los muchos reveladores descubrimientos realizados desde entonces y hasta entonces, echan por tierra la concepción reduccionista de la genética, según la cual los organismos pueden ser descritos por una serie de “caracteres” codificados en unas secuencias de nucleótidos denominadas genes. Te doy la razón en que cuando una persona nos ataca aferrándose cerrilmente a una teoría, no hay más remedio que aplastarla con datos concretos para hacerla callar en pura defensa propia, pero afortunadamente no todo es discutir en esta vida (y el que algo no sirva para discutir, no significa que no sirva para nada).

Y también estoy de acuerdo con lo de la “Deriva natural”. Transcribiendo lo que te dije en otro email, es prácticamente como decir “porque sí” con el agravante de que lleva a confusión con el término “Deriva génica”, ampliamente utilizado en los textos sobre evolución y que no tiene nada que ver. Y sí, si uno coge de buenas a primeras este último artículo que ha firmado Maturana con Jorge Mpodozis, lo que le llega es un galimatías de palabrejas pedantes. Por suerte algunos de los conceptos que aparecen en él puedo comprenderlos gracias a que están relativamente bien explicados en el libro que he citado, y tienen aplicaciones muy interesantes en los campos del psicoanálisis, la educación, el desarrollo del conocimiento, y las relaciones humanas, cosas todas estas que tienen mucho más que ver con el tema de esta entrada, la búsqueda de la autoconsciencia*, que esto de las estrategias para combatir el paradigma dominante en biología en el seno del mundo académico, que es en donde se encuadra tu crítica (insisto en esto para que los lectores no se confundan).

Pero, salvando este importante detalle, que me ha parecido necesario aclarar para no “generar confusión”, tu intervención ha servido para sacar cosas bastante interesantes, y ha “gatillado” (como diría Maturana) en mí unas reflexiones que me gustaría, al menos en parte, compartir.

Pero antes, una última matización sobre lo que comentas: Maturana se cuida de utilizar la expresión “Selección Natural” sin más. Lo que dice exactamente es lo que los biólogos connotamos con la expresión “selección natural” (hay una sutil pero importante diferencia). En El árbol del conocimiento, Maturana y Varela explican que Selección Natural es una expresión que no describe la realidad, que es incorrecta, y que simplemente está ahí debido al desarrollo histórico particular de la biología, fuertemente marcada por el trabajo de Darwin, que basó su teoría en la selección reproductiva aplicada por los ganaderos. Hasta la biología tiene su ontogenia, nos recuerdan. Desafortunadamente a pesar de esto no se atreven a eliminar esta expresión del vocabulario biológico, excusándose con que a estas alturas ya resulta imposible, en fin que como ya te dije el otro día, se lavan las manos y nos dejan este marrón a otros, ¡qué le vamos a hacer! Pero, ¿por qué digo todo esto? Porque demuestra que estos señores han hecho algo más que hablar pedanterías: Se han sentado a pensar. Y yo creo simplemente que todo aquél que se haya sentado a pensar con honestidad alguna vez en su vida tiene cosas que aportarnos.

Como también te he dicho ya (siento repetirme tantas veces, pero al sacar a la luz pública nuestra conversación los demás tienen derecho a enterarse de todos los detalles), y ya vamos enlazando con las reflexiones que decía, me resulta absurdo ponerse a restar cuando podemos sumar. Que un trabajo no se centre en la discusión sobre datos experimentales concretos no es a priori ninguna razón para rechazarlo (se pueden realizar trabajos muy interesantes y de muchos otros tipos) máxime cuando, como he dicho, es sinérgico intelectualmente con el tuyo propio. Pego aquí otro par de párrafos de e-mail donde explico esto mejor:

Los científicos gaianos me aportaron una perspectiva que tuvo gran parte de la culpa de que yo apreciara la profunda importancia de tu discurso a la primera. De hecho, entre mis amigos de la carrera, sólo los que habíamos leído con anterioridad a los gaianos nos sentimos atraídos por tu obra. Porque una de las consecuencias de la ingente y maravillosa cantidad de datos que tu aportas es precisamente la corroboración de la filosofía holística, de Gaia y la Autopoyesis. Y estos son conceptos realmente revolucionarios, que pueden hacer a las personas (como fue mi caso) cambiar radicalmente su forma de ver las cosas e incluso su forma de vivir.

Yo veo una sola forma de hacer un tejido social sanador, que cambie el mundo: Siempre que se pueda, sumar, en lugar de restar. Si acabamos aislados, nuestras posibilidades se reducen casi a cero. Hay muchos otros que pueden aportar grandes cosas a esta transformación, aunque empleen un código distinto de expresión y una forma distinta de trabajo. Apreciar la aportación del otro y ver su enlace sinérgico con la nuestra propia no hará sino multiplicar nuestras fuerzas, nuestra creatividad, y nuestras posibilidades.


Reflexión 1: Siento que centrarnos demasiado en los personajes, a saber, que si lo que ha dicho pepito o menganito, que si Maturana, que si Dawkins, que si Máximo Sandín, a menudo desvía nuestra atención de lo realmente importante, de las ideas, y nos adentra poco a poco, sutilmente y sin que nos demos cuenta, en el estéril mundo de la batalla de egos. Me recuerda a esto de los mass media, que constantemente desvía nuestra atención de lo que es verdaderamente relevante, del significado de los hechos, de la raíz de los problemas, siempre llevándonos al ego, al miedo, y a los personajes del circo, porque Bush, porque Zapatero, porque la niña de Rajoy…

Reflexión 2: Ésta es para los que comparten que el propósito más importante al que podemos enfocar nuestros esfuerzos es la sanación del planeta y de las relaciones humanas. Ese es al menos el propósito que me mueve a mí, y creo que el propósito es algo muy importante para afinar la manera en que actuamos.

A este respecto, el debate científico sobre datos empíricos es un frente fundamental que no se puede abandonar, pero como nos abandonemos sólo a él esperando que algún día se aclare todo estamos perdidos, porque tal y como funciona la investigación científica (y el dinero que se necesita para ella) lo más probable es que no solucionará las cosas hasta que sea demasiado tarde.

Con una gigantesca inversión de tiempo y energía, y superando veinte mil trabas, podemos elaborar un estudio cruzado de información epidemiológica con doble ciego y todo lo que haga falta para demostrar que el modelo agrícola hiperindustrializado e hiperdependiente de insumos con semillas transgénicas y pesticidas pesados es contraproducente a nivel sanitario, nutricional, ecológico, etc... Podemos incluso llegar a publicarlo en una revista influyente. Pero en el mismo tiempo, y con un gasto de dinero mínimo en comparación con el que están acostumbrados a manejar, las multinacionales pueden sacar siete estudios demostrando lo contrario. Sí, tendrán truco, pero ¿qué cantidad de recursos necesitas para sacar otro estudio demostrandolo? Y así ha pasado lo que ha pasado con el cambio climático. Conclusión: "No hay evidencias, la comunidad científica está dividida".

Como decía no se puede abandonar este frente: es en la ciencia moderna en donde el sistema se justifica (o pretende justificarse), por lo que no hay más remedio que batallar desde allí. Pero si tenemos que esperar a que el debate en el seno de la comunidad científica aclare la confusión a base de discutir datos experimentales verificables, y nos lleve a una concepción gaiana de la naturaleza, podemos morirnos de viejos sin que esto avance lo más mínimo. El llamado “método científico”, al menos en su versión actual, actúa como una gran trampa burocrática, y si tenemos que depender exclusivamente de él para salvar el mundo estamos apañados (otro buen tema para un artículo del blog…).

Por eso son necesarios otros frentes. En concreto, me parece muy interesante trabajar por que crezca el nivel de autoconsciencia y conexión interna de las personas, porque éstos favorecen más que ninguna otra cosa nuestro poder natural de discernimiento. Y cuanta más capacidad de intuición cognitiva, o sentido común, o como lo prefieras llamar, menos toneladas de datos empíricos concretos necesita una persona para discernir el significado profundo de las cosas. Dicho llanamente, para darse cuenta de lo que pasa.

Lovelock explica esto muy bien en su libro Gaia: una ciencia para curar la Tierra. Cuenta que los romanos tuvieron que enfrentarse al problema de la malaria en muchos territorios. Al darse cuenta de que las poblaciones afectadas estaban siempre situadas junto a aguas estancadas, decidieron que sólo había dos soluciones: O bien abandonarlas y construirlas en otro lugar, o bien drenar las aguas (y eso fue lo que hicieron). Si, en lugar de esto, hubieran invertido gran cantidad de dinero en todo tipo de investigaciones científicas, tal vez al cabo de medio siglo de discusiones habrían conseguido descubrir que el parásito se transmitía a través de la especie Mosquitus capullus, (perdón no recuerdo el nombre) que vive en las aguas estancadas con acumulación de materia orgánica, para llegar a idéntica solución: Drenar las aguas. Entre tanto, gran cantidad de padecimientos evitables habrían acontecido en la población. Pues con la emisión de gases y la deforestación ocurre lo mismo. Sí, hay que seguir batallando y batallando por la verdad dentro del debate científico sobre datos experimentales concretos, pero esto resulta demasiado lento como para permitirnos el lujo de rechazar o desvalorizar otro tipo de trabajos, otro tipo de ámbitos y sistemas de conocimiento. No nos queda mucho tiempo, la destrucción ecológica es rápida, y la ciencia en cambio muy lenta.


* Un ejemplo es precisamente la autopoyesis, como expliqué en mi anterior intervención, un tanto incendiaria y ansiosa (a todos nos salen las rigideces por algún lado tarde o temprano). Pero no menos interesante es el principio del gatillamiento, según el cual todo cambio en un organismo es gatillado por el agente perturbador pero determinado por el ser perturbado. Esto, que a primera vista también podría parecer un perogrullo, da como mínimo para otro mensaje incendiario, con todo tipo de implicaciones en nuestra vida cotidiana y nuestro aprendizaje vital (ya caerá…). Pero lo que es para mí más interesante del libro no es nada de esto, sino sus conclusiones sobre el sentido y la naturaleza del conocimiento, y sobre esto sí que hablaré antes o después en este blog.

Jontxu dijo...

Daniel gracias por apreciar lo que escribo y el trabajo del blog, y por seguirlo desde hace ya bastante tiempo. Un gustazo.