Infancia libre y autorregulación en Summerhill School
Matthew Appleton, terapeuta reichiano y sacrocraneal, fue profesor en la escuela libre de Summerhill durante los años 80 y 90, es autor del libro A free range childhood: Self-regulation at Summerhill School. En este fabuloso prólogo que escribió para El manifiesto educativo de Íñigo Flórez, nos habla tanto de su experiencia como alumno en el colegio convencional como de la de profesor en Summerhill, acercando nuestra sensibilidad hacia lo que representan los llamados "centros educativos" para nuestras vidas y el modo en que condicionan nuestro desarrollo. Appleton nos proporciona también referencias de otras experiencias reales en diferentes lugares del mundo que también conoce de primera mano. Todas ellas han demostrado que, si se deja a los niños y adolescentes vivir en libertad, se desarrollan sin problemas.
Cuando abandoné el colegio para comenzar mi vida en el mundo de los adultos, yo era una persona insegura y emocionalmente volátil. Las investigaciones demuestran que las personas que han sido fuertemente institucionalizadas, como aquellos que dejan el ejército, un monasterio o la prisión, tienen muchas dificultades para hacerse con el mundo exterior. Casi una década y media de educación obligatoria no me había preparado para enfrentarme a un mundo en el que tenía que regular mi propia vida, tanto externa como internamente. Los colegios no son lugares que fomenten la madurez emocional.
Durante estos años formativos, vivimos de acuerdo a los planes que proponen otros. Poco es el tiempo que se da a nuestros impulsos internos, pensamientos y respuestas emocionales. ¿Cómo arreglárnoslas para averiguar quiénes somos en realidad, cuando se presta tan poca atención a la exploración de nuestros paisajes internos, con tan poco espacio para investigar nuestra naturaleza expresiva en relación con otros? ¿Cómo aprendemos a convertirnos en buenos ciudadanos, si nuestra ciudadanía no se practica como parte de una comunidad viva con la que podemos comprometernos plenamente?
Cuando dejamos el colegio, muchos de nosotros tenemos muy poca idea acerca de quienes somos. Quizás tengamos firmes opiniones, pero éstas están basadas en actitudes de sumisión o de rebeldía, desarrolladas a lo largo de años en los que se nos decía lo que teníamos que hacer, en lugar de preguntársenos quienes éramos, porqué sufrían nuestros corazones, o qué originales pensamientos ardían en nuestro interior. En un primer momento, al soltar las correas que nos ataban a los horarios de clase, nos invade una explosión de excesos y de extremos. La tensión de muchos años de energía contenida encuentra su expresión en la agresión, la falta de tacto, los encuentros sexuales dirigidos por la ansiedad, o el consumo irresponsable de alcohol y otros productos químicos. Hay un intento frenético de agarrarse a la vida que no se ha podido vivir plenamente; que ha tenido que relegarse y contraerse a sí misma para poder llenar la cabeza de hechos que tienen muy poco que ver con los intereses y las pasiones que uno genera. O bien puede que hayamos interiorizado la vida que se nos ha impuesto de una manera tan absoluta que no seamos capaces de reconocer nuestras propias voces interiores, y como perros de Paulov salivemos cuando creemos que se nos da un premio. Hacemos entonces aquello que se nos manda obedientemente. No hacemos preguntas y compramos un modo de vida, en lugar de formar una de acuerdo a nuestros propios impulsos creativos. A menudo alternamos entre una vida de sumisión y otra de transgresión de las restricciones, jadeando el aliento de la vida a bocanadas, antes de contener una vez más nuestra respiración para ajustarnos a lo que se exige de nosotros. Nuestros propios y más suaves ritmos internos hace tiempo que se han extinguido; de tal manera que lo único que conocemos es el sometimiento y el enfrentamiento a un mundo con el que, en algún lugar de nuestros recuerdos, sabemos que una vez fluímos, pero que ahora parece eludirnos extrañamente.
El día que abandoné el colegio, quemé los libros que había llevado de un lado a otro durante los últimos años. No se me ocurrió pensar que una década más tarde volvería al colegio, pero esta vez como miembro del personal. Este colegio era muy diferente al que yo había asistido como alumno. Era un colegio privado, en contraposición a los colegios dirigidos por el estado. En lugar de una vasta extensión de cemento y de cristal, con áreas de juego cerradas y hechas de asfalto, éste era un antiguo edificio de ladrillo rojizo, con varias dependencias afuera, su propio bosque y un par de campos. Enclavado en las afueras de una pequeña ciudad post-industrial, delimitaba sus confines con la campiña, mientras que mi colegio había estado situado en un área de viviendas en mitad de la ciudad. Mi colegio lo había compartido con más de mil alumnos, todos ellos chicos. En este colegio solo había unos setenta alumnos, chicos y chicas. Aquí la mayoría de los alumnos vivían juntos en comunidad, mientras que en mi antiguo colegio mis compañeros y yo dividíamos nuestra vida entre la escuela y nuestras casas cada día. Pero la diferencia más sorprendente entre los dos colegios era que en este colegio, los niños y los adultos vivían juntos como iguales, y los alumnos no tenían que asistir a clase si no querían.
El colegio se llamaba “Summerhill” y había sido fundado por un escocés llamado A. S. Neill en 1921. La experiencia de ver morir en la Primera Guerra Mundial a muchos de los chicos a los que él había enseñado en su escuela local, le hizo cuestionarse la validez de la forma de educar que estaba proporcionando. No le agradaba la idea de que los colegios inculcaran una falta de cuestionamiento tal ante la perspectiva de la muerte en el campo de batalla, o la servidumbre en las fábricas. En esa época, las ideas de Freud comenzaban a ganar popularidad. Inspirado por la teoría Freudiana de la neurosis, según la cual ésta es el resultado de tener que conformarse a una serie de normas sociales que entran en conflicto con nuestra vida instintiva, Neill creó un colegio que se adaptaba al niño, en vez de la idea más común de hacer que el niño se adaptase al colegio.
Yo trabajé en Summerhill entre 1988 y 1997 como “Houseparent” (persona responsable del bienestar de los internos). Esto significaba vivir en el colegio como un miembro de la comunidad, como un igual en relación a los niños que estaban a mi cargo. Fue una experiencia liberadora el poder relacionarme con los niños como personas reales, y también poder ser yo mismo con ellos. Una gran cantidad de nuestra relación con los niños es muy forzada y falsa. Está basada en nuestra necesidad de tener que saber más que ellos o de inculcarles valores, de la misma manera en que nos fueron inculcados a nosotros. Hemos perdido la capacidad de ser naturales con los niños, ya que hemos perdido la capacidad de ser naturales con nosotros mismos. Yo aprendí mucho viviendo con los niños de esta manera. Aprendí cómo pueden regular sus propias necesidades educativas sin necesidad de imposiciones. Aprendí que pueden ser muy razonables arreglando sus diferencias cuando están apoyados por una comunidad de iguales, preparada para escuchar a todas las partes. También aprendí y tuve que des-aprender cómo los propios resentimientos de mi niñez me hacían difícil aceptar verdaderamente a los niños tal y como eran. (Una cosa es teorizar sobre esto, y otra muy distinta vivir así día a día).
La leyes por las que se regía la comunidad eran tratadas y cambiadas, de acuerdo a las circunstancias, en las reuniones semanales. En estas reuniones, tanto los niños como los adultos, a la par, tenían cada uno un voto. Participando en estas reuniones, yo podía terminar discutiendo apasionadamente un punto con un niño de cinco años, o con un adolescente, o con otro adulto. A veces la comunidad votaba a mi favor, a veces a favor del niño de cinco años, o del adolescente o del adulto. En Summerhill aprendes a llevarte bien con los demás, incluso en el caso de que las cosas no salgan como tú quieres. También aprendes a estar tanto en el proceso de hacer las normas, como en el de romperlas (como niño mi experiencia personal estuvo limitada al de romperlas). A menudo, los visitantes que acudían a Summerhill se quedaban impresionados por lo razonables que eran los niños. Tambiés les sorprendía que los niños vieran el valor de tener normas en sus vidas, sin querer automáticamente saltárelas todas. Es el hecho mismo de tener el poder de crearlas el que hace que los niños conozcan su valor. Si solo conocemos las normas con las que vivimos como algo impuesto sobre nosotros, no cabe duda de que querremos deshacernos de ellas.
Summerhill puede sonar muy idílico, pero es un trabajo bastante duro el aprender a vivir con los demás. Aprendí mas acerca de esto en mis 9 años en Summerhill que lo nunca que aprendí en la escuela a la que había asistido de niño. Ahora puedo ver los puntos de vista de los demás y estar menos apegado a los míos que antes. Y veo también esas cualidades en los jóvenes adultos a los que cuidé de niños. Tienen facilidad para relacionarse con la gente, y una tranquila confianza en su bondad básica y en la de los demás. Ellos no están en guerra consigo mismos, ni con el mundo que les rodea, como le ocurre a tanta gente; tratan de navegar a su manera en la vida. Y están mucho más abiertos a aprender que muchísima gente después de tantos años de educación obligatoria. No tenían que asistir a clases por el mero hecho de ser niños. Lo hacían cuando estaban motivados para hacerlo. Sus recuerdos de la niñez son los de un mundo en el que el juego y los buenos amigos dominan su memoria, en lugar del tedio del aula de clase.
Una pregunta que suele hacerse es: ¿Pero pueden adaptarse al “mundo real”? El “mundo real” en este contexto se refiere invariablemente al mundo de las responsabilidades y del trabajo. La respuesta es “Sí”. En Summerhill aprenden a ser responsables aprendiendo a expresarse por sí mismos en las reuniones, tomando papeles activos en una comunidad de la que ellos verdaderamente se sienten parte, y que los acepta por lo que son. ¿Cuántos de nosotros podemos decir que realmente nos sentíamos parte del colegio al que asitíamos, y que éramos aceptados por él? En lo que al trabajo se refiere, he visto a los niños de mis días en Summerhill florecer en un amplio rango de distintas profesiones, incluyendo físicos, biólogos, médicos, artistas, músicos, constructores, horticultores, actores, terapeutas, restauradores y fotógrafos entre otros. Tienen sus más y sus menos como todo el mundo, pero la mayoría parece que van bien. Creemos que tenemos que forzar a los niños para que aprendan, pero los niños son naturalmente curiosos acerca de la vida, y quieren aprender a usar las herramientas que necesitan para ir por el mundo. Es la obligación que imponemos a los niños lo que mata el deseo de aprender que siempre ha estado ahí. Si se les da la oportunidad de jugar todo el día, los niños deciden aprender cuando están listos para ello.
Summerhill es un ejemplo vivo de este enfoque hacia la niñez. Es una realidad, no una fantasía. Como en cualquier otro grupo de personas que haga vida en común, tiene sus dificultades, sus frustraciones y sus defectos, pero a pesar de ello funciona. ¿Se trata de un ejemplo aislado? No. La idea de auto-gobierno que Neill introdujo en Summerhill la sacó del trabajo de Homer Lane, que dirigió un reformatorio para delincuentes juveniles en esta linea a principios del siglo XX. Janusz Korczak, un médico judío polaco, introdujo principios similares en los orfanatos a su cargo hasta que sus jóvenes y él perecieron en las cámaras de gas de Treblinka. En los años 60, Michael Duane, director de Risinghill, un gran instituto situado en un barrio obrero de Londres, adaptó los principios democráticos de Neill. Durante todo este tiempo los resultados en los exámenes y los niveles de asistencia mejoraron notablemente, mientras que el número de jóvenes que se metían en problemas con la ley se redujeron drásticamente. Hace pocos años visité el Albany Free School en el estado de Nueva York. Este colegio lo fundó Mary Leue después de visitar Summerhill. El colegio atiende a gran cantidad de niños provenientes de entornos desfavorecidos, muchos de los cuales han sido medicados con fármacos para el ADHD[i], o han sido expulsado de otros colegios debido a problemas de comportamiento antes de llegar allí. Me parecía estar en mi casa después de haber estado en Summerhill. Es una comunidad vibrante con verdaderos valores democráticos. Los niños diagnosticados con ADHD lentamente empiezan a calmarse en cuanto se les da, por una parte, un espacio para que puedan correr, y por otra la contención que proporciona una comunidad de iguales, que no juzga ni etiqueta a nadie, sino que establece directrices claras basadas en las necesidades del día a día.
Estos son solo unos cuantos ejemplos de colegios y hogares en los que los niños han podido regular sus propias vidas educativas y emocionales. Cada uno de estos colegios ha tenido éxito en su campo. Hay muchos más ejemplos que podría citar. Entonces, ¿por qué no hay más colegios operando con estos principios? La única respuesta puede que sea que tenemos una fortísima creencia cultural de que hay que forzar a los niños para que aprendan y se conviertan en ciudadanos decentes. No tenemos suficiente confianza en los niños para tratarlos como a iguales. No los aceptamos tal y como son, sino que buscamos la forma de moldearlos para que sean como nosotros, de la misma forma en que hemos sido moldeados para acabar desconfiando de nuestra propia naturaleza. Imponemos a los niños formas de ser que no son las suyas propias. Les hablamos con voces condescendientes, y no tomamos sus dramas tan seriamente como nos tomamos los nuestros. Les persuadimos y engatusamos diciéndoles que son maravillosos cuando hacen las cosas que pensamos que deberían hacer. Y les castigamos cuando no se ajustan a nuestas expectativas. Les imploramos cuando no sabemos cómo mantener nuestros derechos como iguales, poniendo fronteras que no están claras, y dándoles solo mensajes entremezclados de nuestra propia confusión.
Este libro de Íñígo Flórez de Losada establece algunos principios básicos para un enfoque más democrático de la educación. Los ejemplos que les acabo de dar en esta introducción demuestran que estos principios pueden funcionar en la vida real. Yo los he vivido, y han impregnado mi vida desde entonces. Cada frase de este libro nos da la oportunidad de plantearnos cosas. Podemos estar fervorosamente de acuerdo con lo que aquí se dice, o podemos rechazarlo. Cualquiera que sea nuestra respuesta, espero que este libro nos haga cuestionarnos aquellas cosas que damos por sabidas, y reflexionar acerca de las posibilidades que todavía nos esperan.
Matthew Appleton
Bishopston, dicembre de 2007
[i] Attention Deficit and Hyperactivity Disorder: Déficit de Atención y Desórdenes de Hiperactividad (los llamados “niños hiperactivos”). El colegio sólo admite niños que han sido diagnosticados con el síndrome ADHD si se detiene la medicación.

9 comentarios:
Soy una madre colombiana que tuvo la fortuna de leer un libro escrito por el Dr. Neill (creo que se llamaba simplemente Summerhill)cuando mi primera hija tenìa 1 año. Fuè una de las cosas màs afortunadas que ocurrieron en mi vida.Me identifiquè tanto con sus planteamientos y disiparon tanto mis temores que fueron inspiraciòn para educar a mis 2 hijos. Hoy tienen 28 y 23 años y me siento profundamente orgullosa de las personas que son.Aun cuando no todo fueron aciertos, me alegro de que ya que su Colegio no fuè Summerhill, en el hogar su educaciòn estuvo inspirada por la "educaciòn para la libertad" del Dr.Neill.
Mis felicitaciones, Natalia. Una de las cosas más maravillosas de este mundo es reconocer instintivamente la verdad cuando se oye y se lee, cuando una información nos resuena por dentro y estamos seguros mucho más allá de la mente y las creencias de que eso es sabiduría.
Y más aún si luego lo llevamos a la práctica y recogemos los frutos de nuestra intuición y nuestra valentía. Felicidades!
hace unos años empecé a ser, como lo llamo ahora, un detractor de mi mismo, de forma incosciente supongo, pero empecé a rechazar todos los trabajos relacionados con mis estudios de forma tajante y absoluta, pero no sólo porque "no me gustaban" sinó que mi cuerpo se rebelaba contra ellos con fuerte malestar que me afectaba a los ojos, la piel, fatiga generalizada y dolor de espalda, presión en la cabeza ...; puede pareer exagerado, pero lo que me había "gustado" durante mi etapa de istituto ahora se volvía contra mí y sencillamente no lo soportaba por más tiempo, y eso que en mi trabajo era "el mejor", el "más capacitado"...
en el colegío me encontraba ausente, como si dentro de mí no hubiera nadie, y mecánicamente realizaba lo que se me pedía, sacaba buenas notas, pero tenía fuertes dolores de cabeza. era un niño "bueno" porque no "molestaba" donde los adultos exigían silencio y moderación, y porque atendía en clase y destacaba por mi "buen comportamiento" y mis notas. pero mis compañeros, más avispados y atentos que cualquier adulto me llamaban "zombi" percibiendo la falta de mí que había en mi interior.
empecé a tener imsomnio, yo lo achaco a que durante el día tenía que atender a las fuertes demandas de mi educación y no podía atender en absoluto a mis verdaderas necesidades, y por la noche mi mente se esforzaba en satisfacerlas ya sin capacidad y sin control.
mis padres preocupaos por mi dolor de cabeza y mi imsomnio me llevaron a algún "profesional" que certificó que estaba "sobreprotegido" por mis padres y por eso surgía la problematica de adaptación a la escuela. yo pienso más bien que estaba "sobrepresionado" por la escuela y también en mi hogar, que me exigía satisfacer las demandas de la escuela y las de mis padres de apariencia de niño "tan bien educado" que no podía ser un niño en casi ninguna ocasión, casi todo el tiempo era un mueble mudo en espera de una oportunidad de ser.
en el instituto seguía sin estar dentro de mí, por así decirlo, paseaba por los pasillos de aula en aula y no me solía comunicar con nadie, y eso que dicen que la escuela socializa... en realidad no había nada ya de aquella vida que pudiera ilusionarme, e incluso en los viajes de estudio que se supone eran lúdicos mostraba ese vacío interior que me acompañaba.
empezó a gustarme la informática, destacaba, pero ahora sé que sólo era un refugio, una vía de escape, los ordenadores eran lo único que podía controlar de mi vida, podía hacerles hacer lo que yo quisiera, y ningún adulto sabía de aquello más que yo, prácticamente podía enseñar a mis profesores: estudié por lo tanto informática, y era como un segundo profesor en clase, muchos de mis compañeros acudían a mí en vez de al maestro, mesentía "bien" por aquello; pero iba de clase a casa y de casa a clase en la más absoluta soledad.
hace poco dí una conferencia en la que "renunciaba a la razón", tras ella pasé varios años sin pensar envueltos un una cierta alegría y sociabilidad que me hicieron creer que por fin todo iba bien.
si diera hoy otra conferencia "renunciaría a mi mismo"...
... pero ese malestar que se hallaba reprimido dentro de mí, esa rabia tan profunda desbordaba a borbotones en forma de ansiedad, cuando no se volvía contra mi mismo en forma de fatiga y dolor, mi cuerpo se hayaba totalmente contraido (eso ya se percibe claramente en mis fotos de la comunión). mi cuerpo y mis sensaciones siempre me había estado revelando el sometimiento tan brutal de mi educación.
de pronto empezaron a llegar a mi textos de casilda rodrigañez, de alice miller, de iñigo florez de losada y otros muchos, textos que llegaron simplemente por azar y que inundaban mis sensaciones más que mi razón, en ellos se veía reflejado el porqué de mi dolor, y a partir de esos libros encontré muchos otros que tratan del respeto que merecen los niños, de la confianza en sus capacidades, de no forzarlos al aprendizaje, de protección y cuidados, de sus ilusiones y sus decisiones ...
pero lo que más me ha hecho percibir mi dolor y ha sido mi convivencia con un niño recién nacido que ahora cumplirá 3 años y la percepción clara y continua de la agresión que sufre cada día, en cada una de las frases que los adultos infligen contra él, en la estructura misma de la sociedad que lo agrede y los espacios en los que se mueven los adultos que no sólo no están preparados para sus necesidades ni pensando en su existencia de niño sino que provocan una suerte de maltrato constante hacia él por la obligación de reprimir cada una de sus actividades para que no sufra accidentes...
todo eso ha hecho brotar en mi el dolor de mi ser destruido, la conciencia de mi carencia de mi mismo, de la deformidad de mis capacidades forzadas, la crudeza de las agresiones vividas, la rabia que se desborda y me vuelve a provocar el insomnio de entonces, porque como antaño, durante el día vivo enfrascado en las tareas cotidianas, proponiendome actividades sin descanso, sin un momento de relajación posible, y por la noche mi cuerpo necesita de mí, de ese ser que debiera ser yo y que no existe, y mi no-ser se hace patente, y me retuerzo, como un pez fuera del agua, ante la certeza implacable de mi inexistencia.
ahora escribo sobre mis percepciones sobre el maltrato a la infancia, la escolarización encarcelante, la educación agresiva y muchas cosas más en mi web: caso.omiso.org
escribo en esta web como una forma de canalizar mi rabia hacia afuera, para tratar de restaurar la violencia que acometía contra mi cuerpo, una violencia inconsciente, psicosomática dirían los psicólogos, los profesionales de la anestesia mental de la carencia del ser.
bueno, encontre tu artículo sobre summerhill school buscando info sobre otra forma de trato hacia la infancia, más respetuosa, y me ha surgido de repente esta parrafada sin haber empezado siquiera a leer, he preferido no reprimirla...
un abrazo jon
pd: quizá ponga este mismo comentario como artículo en mi web, revisándolo porque seguro que me dejo cosas por ahí que me merecen la pena escribir.
Uau. GRACIAS Antonio por no reprimite con este comentario, que de parrafada nada. Las parrafadas no tienen alma ni sentido de la comunicación.
Y gracias pues por este escrito, que me ha ayudado a conocerte mejor, y por todo lo que me enseña tu ejemplo de sinceridad y comunicación.
Un fuerte abrazo, espero verte por el Telar de Lunas!
suena como algo en lo que voy a pasar un buen rato leyendo, que bueno porque la verdad es que necesitaba algo como esto para pasar el tiempo libre que tengo despues de mi trabajo.
http://site.ru - [url=http://site.ru]site[/url] site
site
Fax less payday loans, on the net, make it quite easy indeed you're an pressing personal improve against take-home pay. Since ancient times people have fully understood that the more cash they generate better is life. Each dollar spent will be taken into account whether it is loan dealer that you apply to locate the ideal deals available. click here Obviously, there will always be unexpected emergency situations we simply cannot plan for, so it is worth taking time to ensure your application is very well structured.
If the student meets a deadline then an lender can remove the cost lodged contrary to the student! Usually there are some different things that you could try even though if you actually need the money. By the due date loan payments fewer than 30 days will quickly do some destruction of your credit score. payday loans online What are the Bank loan to Worth (LTV) quotients for the financial loans.
Publicar un comentario en la entrada