Los reyes son los padres
El texto que va a continuación es un extracto de la respuesta que dí a unos comentarios que me enviaron por correo, referentes a uno de los últimos artículos de Máximo Sandín, publicado en el fabuloso blog de Miguel Jara. Se hablaba en ellos de las aportaciones al avance científico de la obra de Charles Darwin, así como al mejoramiento de la sociedad. Lo que trato de exponer es la aplicación, una vez más, del principio manipulación histórica o ingeniería social (empleando la jerga orwelliana de 1984) en este caso concreto, facilitando las referencias que rastrean la información pertinente. Casos como éste o el de la investigación de la Duquesa de Medina-Sidonia (que también cito más abajo) resultan de gran significación, ya que ponen de manifiesto dos fenómenos que ejercen una gran influencia en nosotros debido a nuestra automatizada inconsciencia acerca de los mismos: El primero es que nuestras valoraciones sobre personajes y hechos históricos se basan en su mayor parte en fuentes indirectas, en las que la adoctrinación recibida por libros de texto y divulgación juegan un papel preponderante. El segundo es que dicha adoctrinación, como explica Luisa Álvarez de Toledo en el enlace, a menudo corresponde más a intereses sociopolíticos que a una descripción cabal de los acontecimientos del pasado.
Hola a todos, me acaban de llegar vuestros comentarios sobre los artículos de Máximo. Llevo ya mucho años documentándome sobre este tema, y me gustaría compartir con vosotros parte de la información para aclarar algunas cosas, ya que os ha llegado en un momento un poco turbio, con el debate sobre el creacionismo recién importado de EEUU, y toda la ofensiva mediática del aniversario de Darwin. El debate serio sobre el darwinismo lleva ya en realidad muchos años existiendo (aunque en la sombra, como tantas otras cosas), así que no es ninguna "revolución" o “involución” de ahora, de este momento. Y es un debate que en realidad son dos, y bien diferenciados, aunque se encuentren estrechamente interrelacionados entre sí.
Uno es el debate "científico", y por científico quiero decir referente al estudio e investigación acerca de la fenomenología natural. Conviene recordarlo, porque estamos adoctrinados de tal forma que a menudo identificamos como científico sólo lo que las autoridades (es decir, las revistas de alto impacto como Science o Nature, tan prestigiosas como herméticas y poco transparentes en cuanto a sus criterios de aceptación) dictaminan que lo es.
El otro es el sociológico, que trata principalmente del análisis de la evolución histórica del pensamiento darwinista y neodarwinista, es decir, las causas de su aparición y su papel en la sociedad moderna y en la ciencia. En este campo, si investigamos un poco, nos encontramos con sorpresas tan impactantes como en el anterior, algunas de las cuales son las que os quería comentar en este mensaje, ya que vuestros comentarios se enmarcan principalmente aquí, en el aspecto sociológico del debate. Pero antes de continuar quisiera insistir en que para informarse sobre este "debate en la sombra" en cualquiera de los campos mencionados, especialmente por la cantidad y calidad de referencias que se citan, recomiendo los artículos recopilados en las páginas de Máximo Sandín y Guillermo Agudelo.
Por lo general, tendemos a pecar de inocencia cuando hablamos de historia. Olvidamos casi automáticamente que la información de la que disponemos, y desde la que elaboramos nuestros juicios y conclusiones, raramente procede de fuentes originales, sino, en más de un 90%, de lo que nos han inculcado los libros de texto escolares y los ensayos seleccionados por las empresas dominantes del mercado editorial. Casos como el del trabajo de investigación de la duquesa de Medina-Sidonia (eficazmente sometido al boicot y la censura, como explica ella misma en esta entrevista) nos recuerdan que el contenido de estos textos tiene más que ver con intereses políticos que con la verdadera historia de nuestro pasado. Así, de la misma manera que se ha ocultado durante siglos el comercio árabe de productos americanos desde 400 años antes del viaje de Colón, igualmente se han ocultado los tres cuartos de siglo de discusión científica acerca de la evolución que precedieron a la obra de Darwin. Acerca de esto último, el trabajo de investigación más riguroso (basado en fuentes originales) que conozco es el de Andrés Galera, del departamento de Historia de la Ciencia del CSIC.
El trabajo de este investigador nos pone de manifiesto un primer mito, que es el de la atribución al trabajo de Darwin el mérito de la primera explicación científica, no religiosa, del origen de las especies y la evolución. El único trabajo anterior a Darwin que se menciona es el de Lammarck, y únicamente para ridiculizarlo, por lo general empleando el manido ejemplo del cuello de la jirafa (por supuesto nunca mencionando ejemplos mucho más absurdos que podemos encontrar en la obra de Darwin) y sin explicar prácticamente ni papa del resto de su obra, amén de la presentación de un debate entre las ideas de ambos que jamás existió (ni siquiera fueron coetáneos, y Darwin nunca rechazó las ideas de Lammarck). Íntimamente ligado a este mito, está la identificación, amplia y repetidamente difundida en los medios de comunicación de masas, de la Teoría de la Evolución con la Teoría de la Selección Natural. Como pude comprobar por enésima vez la semana pasada leyendo un artículo de El País, que explicaba que "todavía hay quien pone en cuestión la Teoría de la Selección Natural", refiriéndose por su puesto a los llamados "creacionistas" de forma exclusiva, y ofreciendo como única alternativa a dicha teoría, como viene siendo habitual, la del Diseño Inteligente.
Aquí estoy dando sólo unas pequeñas pinceladas del mito de Darwin, para un cuadro mínimamente completo recomiendo el artículo "Sobre una redundancia: El darwinismo social" colgado en la página de Máximo. Pero no quisiera pasar por alto el aspecto más importante de todo mito, que es el de los intereses que lo crearon. Por que no se crea un mito de estas características sin unos intereses, generalmente políticos, detrás. Y aquí nuevamente nos encontramos con dos líneas de investigación, la primera de las cuales nos lleva al siglo XIX, a la primera fase de elaboración del mito. En los artículos de Galera y Sandín encontramos material de sobra para probar que la principal diferencia entre el trabajo de Darwin y el de sus predecesores teóricos de la Historia Natural, no se halla en el ámbito de la innovación científica sino en el del éxito y reconocimiento social, ya que fue, y esto sí es cierto, el primero que trascendió el mundo académico y llegó al público general. De modo que si queremos averiguar qué intereses hay detrás de esta historia, una buena opción es investigar los posibles intereses de los artífices de este éxito, los apadrinadores y principales difusores del trabajo de Darwin, el denominado "X-club". El X-club, formado por nueve hombres entre los que se encontraban Huxley o el economista Herbert Spencer, llegó a ser tan influyente durante la época victoriana que de ellos se llegó a decir que "dirigían la ciencia británica". Su principal cometido, sustituir el antiguo paradigma cultural, la antigua cosmovisión sobre la que descansaban la Europa feudal y, posteriormente, los grandes estados de la Edad Moderna, basada en el catolicismo o el protestantismo, según la zona (el segundo en realidad vino a ser una transición entre el primero y el actual, pero no nos extendamos ahora en eso), por un nuevo paradigma basado en la ciencia, o mejor dicho, en unas tendencias y líneas de desarrollo científico basadas a su vez en una racionalidad, filosofía, y cosmovisión muy concretas, descritas a mi juicio muy brillantemente por el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla.
Una racionalidad, filosofía, y cosmovisión que constituyen ni más ni menos que el pilar metafísico sobre el que descansa nuestra sociedad actual, nuestro modelo socioeconómico y nuestro modelo de convivencia. Y creo que a estas alturas empezamos a abordar el mito en su auténtica magnitud, su importancia y su significado.
La segunda línea de investigación nos lleva al origen del paradigma neodarwinista y el pistoletazo de salida del boom de la investigación molecular basada en el reduccionismo genético, impulsada principalmente, al menos en sus primeros tiempos, por la fundación Rockefeller. Para acortar me remitiré a otra obra abundante en referencias y que se adentra, en detalle y perspectiva, ampliamente en este nuevo episodio. Se trata del libro Biopiratería (editorial Icaria) de Vandana Shiva. En esta fase podemos apreciar que los intereses que hay detrás del mito cobran una forma muy tangible: Es un hecho que dos de los sectores industriales más poderosos y lucrativos del mundo, y con más importancia en la Bolsa, a saber, el farmacéutico y el de las nuevas tecnologías de la agroindustria, se desarrollan desde una metodología científica enteramente basada en los principios del neodarwinismo; a saber, que las características o "rasgos fenotípicos" de los seres vivos están codificadas en unas secuencias individuales de nucleótidos denominadas "genes", que se modifican (evolucionan) de forma completamente azarosa, siendo seleccionados de forma natural (o bien de forma "artificial" por la mano del hombre) en función de su "fitness" o eficacia biológica (o económica en el caso de las "nuevas tecnologías").
Comprendo que resulta difícil de asumir que verdades tan universalmente aceptadas como las que figuran en los libros de texto de historia y biología resulten no ser tales. Es algo así como cuando nos cuentan que los reyes son los padres. Aquí es ya opción de cada uno el vencer las resistencias e investigar, ir a las fuentes, tratar de corroborar unas ideas u otras, de discernir qué es lo más verosímil, que explicación cobra más sentido a medida que ahondamos en la perspectiva y el detalle.
Y aún queda otro aspecto de crucial importancia, el de los mecanismos que hacen posible que la verdad acerca de un mito establecido no vea la luz. Existen muchos medios, que son puestos en práctica en primer lugar por el lobbismo científico, impulsado en última instancia por intereses privados.
El más elemental de ellos exactamente análogo al que practican los mass media a la hora de "informarnos", es decir, en primer lugar, seleccionar lo que es noticia y lo que no. Así, en los relatos históricos, se seleccionan unas anécdotas y se omiten otras, generando como consecuencia una historia completamente artificial. En el aspecto científico, de capital importancia es la aplicación rutinaria de desiguales "standards de aceptación" acerca de hallazgos y resultados experimentales por parte de la élite dirigente de la comunidad científica (equivalente y análoga en funciones a la "jerarquía eclesiástica", en cuyo eslabón más alto se encuentran los círculos de influencia de las denominadas "revistas de alto impacto"). Para todo resultado que corrobore la teoría hegemónica en un campo dado, especialmente en aquellos más significativos a los intereses de dichos "círculos de influencia", se aplican unos standards de aceptación muy bajos, casi nulos. Se trata del "todo vale", y como resultado de ello son las innumerables barbaridades con las que nos sorprenden habitualmente las grandes revistas (como por ejemplo, ésta ) y las tremebundas chapuzas científicas aceptadas con la máxima seriedad, como la teoría de la "Eva mitocondrial", por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza.
Por otro lado, los resultados y hallazgos que refutan dichas teorías hegemónicas son sometidos a unos standards de aceptación altísimos, casi insalvables, cuando no se rechazan directamente sin dar la menor explicación al respecto, como es la costumbre de Nature. Haciendo un sólo pequeño esfuerzo de imaginación, podemos hacernos a la idea del profundo alcance, en lo que a sesgo intelectual se refiere, que tiene, por acción acumulativa, año tras año y década tras década, la aplicación universal y rutinaria de estas prácticas.
Referencias:
GALERA, A. (2002). Modelos evolutivos predarwinistas. Arbor. Nº 677 Pp. 1-16.
ABDALLA, M. (2007). El principio de cooperación. Ed. Crimentales, Murcia.
SHIVA, V. (2001). Biopiratería. El saqueo del conocimiento. Icaria, Barcelona.
Uno es el debate "científico", y por científico quiero decir referente al estudio e investigación acerca de la fenomenología natural. Conviene recordarlo, porque estamos adoctrinados de tal forma que a menudo identificamos como científico sólo lo que las autoridades (es decir, las revistas de alto impacto como Science o Nature, tan prestigiosas como herméticas y poco transparentes en cuanto a sus criterios de aceptación) dictaminan que lo es.
El otro es el sociológico, que trata principalmente del análisis de la evolución histórica del pensamiento darwinista y neodarwinista, es decir, las causas de su aparición y su papel en la sociedad moderna y en la ciencia. En este campo, si investigamos un poco, nos encontramos con sorpresas tan impactantes como en el anterior, algunas de las cuales son las que os quería comentar en este mensaje, ya que vuestros comentarios se enmarcan principalmente aquí, en el aspecto sociológico del debate. Pero antes de continuar quisiera insistir en que para informarse sobre este "debate en la sombra" en cualquiera de los campos mencionados, especialmente por la cantidad y calidad de referencias que se citan, recomiendo los artículos recopilados en las páginas de Máximo Sandín y Guillermo Agudelo.
Por lo general, tendemos a pecar de inocencia cuando hablamos de historia. Olvidamos casi automáticamente que la información de la que disponemos, y desde la que elaboramos nuestros juicios y conclusiones, raramente procede de fuentes originales, sino, en más de un 90%, de lo que nos han inculcado los libros de texto escolares y los ensayos seleccionados por las empresas dominantes del mercado editorial. Casos como el del trabajo de investigación de la duquesa de Medina-Sidonia (eficazmente sometido al boicot y la censura, como explica ella misma en esta entrevista) nos recuerdan que el contenido de estos textos tiene más que ver con intereses políticos que con la verdadera historia de nuestro pasado. Así, de la misma manera que se ha ocultado durante siglos el comercio árabe de productos americanos desde 400 años antes del viaje de Colón, igualmente se han ocultado los tres cuartos de siglo de discusión científica acerca de la evolución que precedieron a la obra de Darwin. Acerca de esto último, el trabajo de investigación más riguroso (basado en fuentes originales) que conozco es el de Andrés Galera, del departamento de Historia de la Ciencia del CSIC.
El trabajo de este investigador nos pone de manifiesto un primer mito, que es el de la atribución al trabajo de Darwin el mérito de la primera explicación científica, no religiosa, del origen de las especies y la evolución. El único trabajo anterior a Darwin que se menciona es el de Lammarck, y únicamente para ridiculizarlo, por lo general empleando el manido ejemplo del cuello de la jirafa (por supuesto nunca mencionando ejemplos mucho más absurdos que podemos encontrar en la obra de Darwin) y sin explicar prácticamente ni papa del resto de su obra, amén de la presentación de un debate entre las ideas de ambos que jamás existió (ni siquiera fueron coetáneos, y Darwin nunca rechazó las ideas de Lammarck). Íntimamente ligado a este mito, está la identificación, amplia y repetidamente difundida en los medios de comunicación de masas, de la Teoría de la Evolución con la Teoría de la Selección Natural. Como pude comprobar por enésima vez la semana pasada leyendo un artículo de El País, que explicaba que "todavía hay quien pone en cuestión la Teoría de la Selección Natural", refiriéndose por su puesto a los llamados "creacionistas" de forma exclusiva, y ofreciendo como única alternativa a dicha teoría, como viene siendo habitual, la del Diseño Inteligente.
Aquí estoy dando sólo unas pequeñas pinceladas del mito de Darwin, para un cuadro mínimamente completo recomiendo el artículo "Sobre una redundancia: El darwinismo social" colgado en la página de Máximo. Pero no quisiera pasar por alto el aspecto más importante de todo mito, que es el de los intereses que lo crearon. Por que no se crea un mito de estas características sin unos intereses, generalmente políticos, detrás. Y aquí nuevamente nos encontramos con dos líneas de investigación, la primera de las cuales nos lleva al siglo XIX, a la primera fase de elaboración del mito. En los artículos de Galera y Sandín encontramos material de sobra para probar que la principal diferencia entre el trabajo de Darwin y el de sus predecesores teóricos de la Historia Natural, no se halla en el ámbito de la innovación científica sino en el del éxito y reconocimiento social, ya que fue, y esto sí es cierto, el primero que trascendió el mundo académico y llegó al público general. De modo que si queremos averiguar qué intereses hay detrás de esta historia, una buena opción es investigar los posibles intereses de los artífices de este éxito, los apadrinadores y principales difusores del trabajo de Darwin, el denominado "X-club". El X-club, formado por nueve hombres entre los que se encontraban Huxley o el economista Herbert Spencer, llegó a ser tan influyente durante la época victoriana que de ellos se llegó a decir que "dirigían la ciencia británica". Su principal cometido, sustituir el antiguo paradigma cultural, la antigua cosmovisión sobre la que descansaban la Europa feudal y, posteriormente, los grandes estados de la Edad Moderna, basada en el catolicismo o el protestantismo, según la zona (el segundo en realidad vino a ser una transición entre el primero y el actual, pero no nos extendamos ahora en eso), por un nuevo paradigma basado en la ciencia, o mejor dicho, en unas tendencias y líneas de desarrollo científico basadas a su vez en una racionalidad, filosofía, y cosmovisión muy concretas, descritas a mi juicio muy brillantemente por el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla.
Una racionalidad, filosofía, y cosmovisión que constituyen ni más ni menos que el pilar metafísico sobre el que descansa nuestra sociedad actual, nuestro modelo socioeconómico y nuestro modelo de convivencia. Y creo que a estas alturas empezamos a abordar el mito en su auténtica magnitud, su importancia y su significado.
La segunda línea de investigación nos lleva al origen del paradigma neodarwinista y el pistoletazo de salida del boom de la investigación molecular basada en el reduccionismo genético, impulsada principalmente, al menos en sus primeros tiempos, por la fundación Rockefeller. Para acortar me remitiré a otra obra abundante en referencias y que se adentra, en detalle y perspectiva, ampliamente en este nuevo episodio. Se trata del libro Biopiratería (editorial Icaria) de Vandana Shiva. En esta fase podemos apreciar que los intereses que hay detrás del mito cobran una forma muy tangible: Es un hecho que dos de los sectores industriales más poderosos y lucrativos del mundo, y con más importancia en la Bolsa, a saber, el farmacéutico y el de las nuevas tecnologías de la agroindustria, se desarrollan desde una metodología científica enteramente basada en los principios del neodarwinismo; a saber, que las características o "rasgos fenotípicos" de los seres vivos están codificadas en unas secuencias individuales de nucleótidos denominadas "genes", que se modifican (evolucionan) de forma completamente azarosa, siendo seleccionados de forma natural (o bien de forma "artificial" por la mano del hombre) en función de su "fitness" o eficacia biológica (o económica en el caso de las "nuevas tecnologías").
Comprendo que resulta difícil de asumir que verdades tan universalmente aceptadas como las que figuran en los libros de texto de historia y biología resulten no ser tales. Es algo así como cuando nos cuentan que los reyes son los padres. Aquí es ya opción de cada uno el vencer las resistencias e investigar, ir a las fuentes, tratar de corroborar unas ideas u otras, de discernir qué es lo más verosímil, que explicación cobra más sentido a medida que ahondamos en la perspectiva y el detalle.
Y aún queda otro aspecto de crucial importancia, el de los mecanismos que hacen posible que la verdad acerca de un mito establecido no vea la luz. Existen muchos medios, que son puestos en práctica en primer lugar por el lobbismo científico, impulsado en última instancia por intereses privados.
El más elemental de ellos exactamente análogo al que practican los mass media a la hora de "informarnos", es decir, en primer lugar, seleccionar lo que es noticia y lo que no. Así, en los relatos históricos, se seleccionan unas anécdotas y se omiten otras, generando como consecuencia una historia completamente artificial. En el aspecto científico, de capital importancia es la aplicación rutinaria de desiguales "standards de aceptación" acerca de hallazgos y resultados experimentales por parte de la élite dirigente de la comunidad científica (equivalente y análoga en funciones a la "jerarquía eclesiástica", en cuyo eslabón más alto se encuentran los círculos de influencia de las denominadas "revistas de alto impacto"). Para todo resultado que corrobore la teoría hegemónica en un campo dado, especialmente en aquellos más significativos a los intereses de dichos "círculos de influencia", se aplican unos standards de aceptación muy bajos, casi nulos. Se trata del "todo vale", y como resultado de ello son las innumerables barbaridades con las que nos sorprenden habitualmente las grandes revistas (como por ejemplo, ésta ) y las tremebundas chapuzas científicas aceptadas con la máxima seriedad, como la teoría de la "Eva mitocondrial", por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza.
Por otro lado, los resultados y hallazgos que refutan dichas teorías hegemónicas son sometidos a unos standards de aceptación altísimos, casi insalvables, cuando no se rechazan directamente sin dar la menor explicación al respecto, como es la costumbre de Nature. Haciendo un sólo pequeño esfuerzo de imaginación, podemos hacernos a la idea del profundo alcance, en lo que a sesgo intelectual se refiere, que tiene, por acción acumulativa, año tras año y década tras década, la aplicación universal y rutinaria de estas prácticas.
Referencias:
GALERA, A. (2002). Modelos evolutivos predarwinistas. Arbor. Nº 677 Pp. 1-16.
ABDALLA, M. (2007). El principio de cooperación. Ed. Crimentales, Murcia.
SHIVA, V. (2001). Biopiratería. El saqueo del conocimiento. Icaria, Barcelona.

1 comentario:
Se agradece de verdad la cantidad de enlaces que ofreces para contrastar opiniones.
Por desgracia, el monopolio informativo sigue siendo poderoso en nuestros días.
Un abrazo.
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