Por el supremo bien de la vida en todas partes
Importantísimo testimonio de Marlo Morgan, una mujer norteamericana que, sin ningún tipo de intención, planificación ni preparación para ello, se vió conviviendo con una tribu de aborígenes australianos durante meses. Una tribu que permanecía plenamente viva en su cultura y la relación ancestral con su tierra. He aquí un pequeño fragmento que deja traslucir toda la intensidad, realidad, y profunda enseñanza que nos transmiten a través de este precioso libro:
...Lo que sí aprendí aquel día fue la extraordinaria relación que tienen los aborígenes con la naturaleza. Antes de iniciar la marcha formamos un cerrado semicírculo, encarados todos hacia el este. El Anciano de la Tribu se colocó en el centro y entonó un cántico. El ritmo lo establecieron y mantuvieron los miembros del grupo, batiendo palmas, dando patadas en el suelo o golpeándose los muslos. Duró unos quince minutos. Era una rutina que se repetía cada mañana y que, según descubrí, constituía una parte muy importante de nuestra vida en común. Era la plegaria matutina, o el modo de centrarse o de fijar un objetivo cada mañana, como queramos llamarlo. Esta gente cree que todo en el planeta existe por una razón. Todo tiene un propósito. No hay monstruos, inadaptados ni accidentes. Sólo hay malentendidos y misterios que aún no se han revelado al hombre mortal.
El propósito del reino vegetal es alimentar a los animales y a los humanos, mantener la tierra firme, realzar la belleza y equilibrar la atmósfera. Me dijeron que las plantas y los árboles cantan a los humanos en silencio y todo lo que piden a cambio es que nosotros les cantemos a ellos. Mi mente científica interpretó al instante que se referían al intercambio entre oxígeno y dióxido de carbono de la naturaleza. El principal propósito del animal no es alimentar a los humanos, pero lo acepta cuando es necesario. En realidad está para equilibrar la atmósfera y ser compañero y maestro con el ejemplo. Así pues, cada mañana la tribu envía un pensamiento o mensaje a los animales y plantas que nos aguardan. Dicen: "Caminamos hacia vosotros para honrar el propósito de vuestra existencia." Corresponde a animales y plantas decidir quiénes de entre ellos serán los elegidos.
La tribu de los Auténticos no se queda nunca sin comida. El universo responde siempre a su correspondencia mental. Ellos creen que el mundo es un lugar de abundancia. De igual modo que usted o yo podríamos reunirnos para oír a alguien tocar el piano y honrar su talento y su propósito, ellos hacen lo mismo con toda la naturaleza y lo hacen con total sinceridad. Cuando aparecía una serpiente en nuestro camino, obviamente se encontraba allí para servirnos de comida. El alimento diario era una parte muy importante d enuestra celebración vespertina. Aprendí que el alimento no se daba por supuesto. Primero se solicitaba, se espraba siempre que apareciera y así era, en efecto, pero se recibía con agradecimiento, mostrándose siempre una auténtica gratitud. La tribu empieza cada día dando gracias a la Unidad por el día, por sí mismos, por sus amigos y por el mundo. Algunas veces piden cosas concretas, pero siempre se expresa así: "Es por mi supremo bien y el supremo bien de la vida en todas partes".
La tribu no llevaba provisiones. No plantaba semillas y no participaba en ninguna cosecha. Caminaba por el ardiente Outback australiano, sabiendo que recibiría diariamente las generosas bendiciones del universo. El universo no le decepcionaba nunca.
Fragmento de Las Voces del Desierto, de Marlo Morgan


1 comentarios:
Siempre me ha gustado lo que escribes en el blog. Lo encuentro fundamental para comprender el mundo en el que vivo. Sin embargo, me permito apuntarte que Las voces del desierto no es un libro de antropología sino un relato de ficción, inventado por su autora. Aquí tienes información más completa:
http://antropologiauned.foroactivo.com/t96-las-voces-del-desierto
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